Últimamente me siento pequeñito, como si le hubiesen dado una patada en los huevos de mi autoestima. Todo el mundo no para de moverse: Fer acaba de volver de una entrevista en Barcelona con una multinacional (más) que quiere que trabaje para ellos, a mi compañero de piso le han ofrecido irse a hacer prácticas con Ferrán Adriá o en París con algún otro tres estrellas Michelín, mi hermano piensa en irse un año a París o a Berlín para seguir estudiando. Y yo... yo tengo un contrato difícil de mejorar en un trabajo que me encanta. Pero me aterra pensar que he tocado techo a los veintitrés años. Al final pienso que soy un gilipollas que ante todo necesita alimentar su ego y sentirse el primero en todo. Más aplausos, más prestigio, más dinero, más objetivos... Un círculo vicioso del que es difícil salir.
Siento como si mil ojos me estuvieran observando atentamente, esperando cualquier tropiezo o descuido para lanzarse sobre mí. Yo antes era el guepardo, no la cebra. No quiero ser el del culo a rayas blancas y negras...
Como bien dice Pixar, cuando huye la suerte...
... sigue nadando, sigue nadando, sigue nadando nadando nadando, ¿qué se hace? nadar, ha ha ha ha ha oh!

1 chiquilladas:
El problema es hacer y ofrecer lo que mas nos gusta, y no pienses en el redito, ni pecuniario ni de reconosimiento ni de nada, y asi podras ser FELIZ....chauuuu.
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